El oxígeno es uno de los cinco elementos indispensables en la vida, proporcionando vitalidad y energía a todas las células. Cuando los niveles de oxígeno son bajos, el sistema inmunológico se debilita. El proceso de envejecimiento está asociado a un descenso en los niveles de oxígeno en las células de la piel.
La sangre es el portador líquido de oxígeno. La sangre lleva oxígeno a todas las partes del cuerpo para abastecer sus sistemas de combustible, estimulando sus reacciones químicas, liberando el cuerpo de toxinas y otros agentes nocivos. Cada célula de nuestro cuerpo necesita oxígeno y con la edad el oxígeno en la piel disminuye tanto, que a la edad de 25 años, su nivel es bastante inferior a los de un adolescente saludable. La piel del rostro es, de todo el cuerpo, la que sufre una mayor bajada en los niveles de oxígeno y el resultado es una piel pálida y arrugada. La utilización de oxígeno puro por medio de un sistema de chorro, da a la piel una vida nueva.
El oxígeno participa en el estímulo de la micro-circulación, (aumentando el suministro de sangre) proporcionando así los alimentos nutrientes necesarios para el estímulo de fibroblasts para la regeneración de colágeno; en otras palabras, debido al aumento en el suministro de sangre a la dermis y a las capas de la epidermis, el resultado es la regeneración de la piel. Y por tanto una piel instantáneamente lisa y fresca, promoviendo el crecimiento de piel y colágeno y desembocando, después de un curso de tratamiento, en una piel tersa y más rejuvenecida.
Un buen suministro de oxígeno tiene como resultado un aumento en la producción de colágeno. El suministro de oxígeno a cada célula del cuerpo se difunde sobre una distancia de 0,05 mm. La captación de oxígeno en las células está basada en el activo mecanismo de transporte entre las células y el espacio intercelular. El aumento del suministro de oxígeno tiene como resultado una difusión más fuerte que permite que las células de la epidermis retiren la cantidad ideal de oxígeno para sus procesos metabólicos.