Mediante el consumo de agua enriquecida con oxígeno, de 2 a 3 litros, y con la correspondiente dosificación controlada, se consigue una mejor disolución del oxígeno en la sangre. Esta mejor disolución no tiene efectos hasta los vasos capilares del sistema de distribución sanguínea. Aquí se consigue, en la parte venosa de los vasos capilares, la reducción de las sustancias que ocupan la parte interior de los propios vasos.
Este procedimiento es comparable con la puesta en marcha de un enchufe de luz, y se puede observar mediante electromagnetoscopia. La consecuencia es una ampliación del volumen del vaso capilar y una reducción de la resistencia del propio vaso a su dilatación. Se consigue así una mejor distribución de sangre en los tejidos. Más sangre con mayor contenido de oxígeno llega así a las células. En consecuencia, en el intercambio de fluidos celular de las células interviene en mayor el oxígeno, y la liberación superior de fosfatos energéticos (ATP CP) lleva consigo a una mejor funcionalidad de los órganos. Este es el motivo por el que la TMO tiene un efecto positivo sobre todos los órganos del cuerpo humano.
Hoy en día, cada vez son más los médicos y homeópatas los que defienden las terapias de oxígeno. Utilizan el hecho de beber agua enriquecida con oxígeno en caso de dificultades respiratorias, dificultades e interrupciones del sueño, problemas de concentración y memoria, irregularidades en el bienestar general de la persona, debilidad, problemas en el intercambio de fluidos, desorientación, vértigos, susceptibilidad a los cambios meteorológicos, pasividad y depresiones.